Del campo al puesto: el origen de lo que compramos

Uno de los grandes atractivos del mercadillo malagueño es su diversidad de productos, pero detrás de esa variedad hay una compleja red de abastecimiento que mezcla tradición local y globalización.

Agricultura de proximidad

Una parte significativa de los productos frescos procede de comarcas cercanas. La Axarquía aporta frutas tropicales como aguacates o mangos, mientras que el Valle del Guadalhorce sigue siendo una despensa clave de hortalizas.

Muchos vendedores trabajan directamente con agricultores o cooperativas, lo que permite reducir intermediarios y ofrecer precios más competitivos que en supermercados.

El circuito textil

La ropa, uno de los productos estrella, sigue un circuito muy distinto. Gran parte proviene de importaciones internacionales, especialmente de Asia y Turquía. A esto se suman restos de stock, liquidaciones y excedentes de grandes cadenas.

Este modelo explica cómo es posible encontrar prendas a precios muy bajos, aunque también plantea interrogantes sobre sostenibilidad y calidad.

Artesanía: el valor añadido

En contraste con la producción masiva, la artesanía aporta identidad. Bolsos de cuero, piezas de cerámica o bisutería hecha a mano son ejemplos de un saber hacer que resiste frente a la industrialización.

Para muchos artesanos, el mercadillo es su principal canal de venta, además de ferias y eventos puntuales.

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